Los niños sedentarios no descansan igual

Hace mucho, desde la creencia popular los padres han sabido que los niños con poca actividad son los que más problemas tienen a la hora de dormir, pero ahora la ciencia se ha sumado a las voces de alarma para los padres, indicándoles que todo tipo de actividad en la que un niño pueda gastar su energía es benéfica para los más pequeños, sobre todo para la hora de dormir. Los niños sedentarios no descansan igual

La ciencia ha terminado por confirmar lo que los padres siempre han sabido: que los niños con poca actividad durante el día, presentan mayores dificultades para luego en la noche conciliar el sueño, mientras que los niños que han tenido mucha actividad en el día necesitan dormir más y se duermen con mayor facilidad. Los cálculos que han hecho los estudiosos del sueño, es que por cada hora de inactividad del niño, se suman tres minutos al tiempo que el niño se demora en quedar dormido, según muestra un estudio realizado en Nueva Zelanda

La aparición del artículo de los neozelandeses instó a que otras voces de expertos llamaran la atención sobre lo nefasto de algunas costumbres en la vida de los niños como la toxicidad tecnológica. Este es el caso del Dr. Robert Vorona, profesor asistente de medicina del sueño de la facultad de medicina del Eastern Virginia Medical School, quien dijo al respecto:” Yo creo que, en un ambiente que puede ofrecer toxicidad tecnológica a nuestros niños como aumento de la inactividad, este estudio recuerda a padres y médicos por igual la importancia del ejercicio en la infancia”. 

Llamó la atención de los padres asegurando que cada vez se tiene más datos que confirman la relación entre la falta de sueño con una serie de consecuencias neurocognitivas, sino con enfermedades como la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad que ya se ha convertido en un problema de salud pública.

Pero este no es el único estudio sobre el tema, ya en la edición online del 23 de julio pasado del Archive of Desease in Childhood, el Dr. Edwin Mitchell, profesor de investigación en salud infantil de la Universidad de Auckland, realizaron un estudio evaluando patrones de sueño y actividad diurna de 591 niños de siete años de edad y encontraron que en promedio a los niños les llevó 26 minutos quedarse dormidos, pero con un rango alarmante amplio, que comenzaba en 13 minutos y el más demorado tardó 42 minutos en quedarse dormido. 

Una décima parte de los niños que presentaron dificultad para dormirse, tardaron 15,1 minutos adicionales para conciliar el sueño. Los niños que habían permanecido activos durante el día, tardaron menos tiempo en quedarse dormidos y que entre más vigorosa fuera la actividad, más rápido lograban dormirse. Mientras, los niños sedentarios tardaban mucho más tiempo en quedarse dormidos.

Aproximadamente el 16% de los padres consultados, admitieron que sus niños en edad escolar presentaban dificultades para quedarse dormidos, según el estudio, que además asegura que los patrones de mal sueño están directamente relacionados con un mal desempeño académico, mayor riesgo de exceso de peso y con el riesgo de obesidad. Por eso, el estudio recalca la importancia del ejercicio físico en los niños, no solo por el beneficio en el acondicionamiento físico, sino en la salud cardiovascular y en la salud mental, por el sueño mismo.