Los malos hábitos de descanso en los mayores

Los problemas para dormir pueden aparecer en cualquier momento de nuestra vida siendo en cada una de las etapas de vital importancia poder saber como afrontarlos, sobre todo en la niñez y en la vejez siendo dos etapas en donde ciertas funciones están limitadas y en muchos casos no lo logran expresar con claridad. Los malos hábitos de descanso en los mayores

Los malos hábitos en las conductas que inducen al sueño o están relacionadas con el sueño, se adquieren en el transcurso de la vida, y difícilmente se cambian cuando el individuo llega a una edad avanzada. Por el contrario, durante el envejecimiento, las características de personalidad y las costumbres tienden a afianzarse, más que a doblegarse; de allí el refrán popular que reza: “Chango viejo no hace maroma nueva”. 

Si en la vida adulta, el individuo se acostumbra a levantarse una o dos veces durante la noche para ir al baño, es muy probable que cuando llegue a la ancianidad, esta costumbre se conserve, así sea inapropiada respecto al sueño y su continuidad en términos de tiempo y por lo tanto de profundidad.

Los trastornos del sueño en los ancianos requieren de un detallado y detenido examen de su historia clínica completa, porque de ella se podrá extraer la información pertinente que permita hacer un correcto diagnóstico. 

Datos sobre las enfermedades padecidas en el transcurso de su vida, hábitos de consumo de alcohol y cafeína, fármacos consumidos y el tiempo de consumo, enfermedades de los padres si hay esa información, que permita visualizar y diferenciar los patrones de enfermedades crónicos de los patrones degenerativos y crónicos, niveles de azúcar en los últimos años o en promedio, recuento del historial de la tensión arterial y por supuesto, toda la información que se pueda recabar de sus trastornos psicológicos, si acaso los ha sufrido.

Adicional a su historia clínica es fundamental construir un estudio para determinar las costumbres respecto al sueño, que comprenda por ejemplo, horas de sueño promedio, horas de las cenas y horas de irse a acostar, tiempo de las siestas si las hace y la cantidad de veces en que se repiten; el tipo de alimentación que acostumbra tener, veces promedio en que se despierta en las madrugadas y horas aproximadas, así como es menester indagar por los sueños, si los tiene y la temática de ellos que permita esclarecer si hay preocupaciones actuales.

De todas maneras es importante tener presente que los ancianos van perdiendo capacidades fisiológicas y sobre todo motoras y de cierta forma, el interés por la vida va perdiendo perspectiva, por lo que empiezan a “vivir la vida” de los otros, de lo más jóvenes, de .os nietos si es que los tienen y de esas experiencias empiezan a nutrir la propia vida. 

Si los ancianos viven con la familia, hijos o nietos es fundamental que le dediquen tiempo para conversar con él, tenerlo en cuenta en las conversaciones colectivas y de familia, tratarlo con paciencia y respeto, porque de esta forma, el anciano se sentirá estimulado y cercano a la familia. La atención de los miembros de la familia es quizás, la mejor manera de garantizar un bienestar anímico que contribuirá sin duda a mejorar los hábitos de sueño.