La siesta es indispensable en los niños

Cada niño tiene una manera particular de manifestar sus necesidades, lenguaje que como padres debemos aprender a leer, para poder estar a tono con las manifestaciones de deseo de nuestros hijos, teniendo en siempre una que entender que cada tiene sin importar la educación o el entorno social siempre tendrá una manera de reaccionar diferente. La siesta es indispensable en los niños

Los niños generalmente dan señales que denotan su necesidad de sueño, por lo que lo primero que se aconseja a los padres es tener una observación de esas señales que indiquen que el niño tiene sueño. Son muy comunes y fáciles de identificar, la excesiva quietud para un niño, la inapetencia por el juego, el manifiesto deseo de estar acostado, una cierta irritabilidad, el restregarse los ojos de manera recurrente y el interés por el chupete o por el biberón, son claras señales de necesidad de sueño, por lo que la primera sugerencia para los padres, sobre todo los primerizos, es prestar atención a estas señales para entonces facilitar las condiciones para que el niño duerma.

Si bien es cierto que cada niño es un mundo particular y diferente, hay manifestaciones que son perfectamente comunes a todos los niños del mundo, más allá de su situación socioeconómica o social, pero su particularidad le puede hacer reaccionar de forma distinta, aun cuando hay patrones comunes. 

Normalmente los niños responden favorablemente a los horarios para las siestas y a los estímulos que generalmente son creados por el entorno y por el propio niño, como son una música tranquila que los padres colocan en el momento de ir a dormir, lo que facilita la identificación de esa música con la eventualidad del sueño, la necesidad de ir a dormir con una frazada o una pieza de tela, un peluche o algún elemento que el niño identifica con la actividad del sueño en el día, por lo que es importante que los padres identifiquen estos elementos. 

No solamente el horario, el ambiente, sino los hábitos son circunstancias a tener en cuenta a la hora de favorecer el sueño diurno de los niños. La habitación no debe estar completamente a oscuras con el propósito que el niño diferencie el sueño de la siesta, con el sueño nocturno y es fundamental facilitarle los elementos que lo inducen al sueño, como ya se ha mencionado. Esto, ayudará a que el niño concilie el sueño más rápidamente.

Por lo general un bebé de cuatro meses de nacido debe necesitar aproximadamente de cuatro a seis horas de sueño de día y lo aconsejable es que duerma unas tres siestas, la primera a media mañana, la segunda después de la comida y la última luego de los juegos de la tarde. 

A los seis meses de nacido habitualmente solo necesitan dos siestas en el día, repartidas la primera a media mañana y la segunda después de la comida, con un total de horas de sueño diurno de tres a cuatro horas en total; a los nueve meses de nacido solo hará dos siestas, a media mañana y luego de la comida con un total de dos horas y media a cuatro  horas en total de sueño diurno; cuando el niño llega al primer año de edad, iniciará la eliminación de la siesta de media mañana para dejar únicamente la que hace luego de la comida con una duración de aproximadamente de dos a tres horas. 

Ya a los dos años de edad, solo hará la siesta de luego de la comida con una duración de una a dos horas de sueño diurno; a los tres años de edad reducirá el tiempo de la siesta a una hora, máximo una hora y media y entre los cuatro y los cinco años de edad, la siesta se reducirá a una o media hora en total.