El desgaste físico y su implicación neurológica

El organismo siempre sufre un desgaste físico sin importar si la actividad que conlleva nuestra rutina nos implique un esfuerzo, por lo que necesitamos siempre recuperarnos, dándonos el tiempo necesario para recuperar la energía que hemos perdido, descansando y relajándonos y preparándonos mentalmente para una nueva jornada. El desgaste físico y su implicación neurológica

Cualquier desgaste físico, ya sea por actividades deportivas competitivas o por la práctica de una actividad física de manera aficionada, implica un esfuerzo muscular para realizar las tareas de coordinación y exigencia que son requeridas por el cuerpo humano. Y antes de mover siquiera un solo músculo, la primera exigencia es que haya depósitos de energía en cantidades suficientes para poder alimentar la actividad física. 

Sin embargo, es la mente la que finalmente controla todas los movimientos físicos del cuerpo, ya sea consciente o inconscientemente, por lo tanto es imposible separar la actividad física de la actividad mental, puesto que son indivisibles como unidad de acción. 

No importa si la actividad física es de gran demanda energética o es de poca demanda de energía, en cualquiera de los casos, implicará un gasto importante del carburante energético que el cuerpo almacena en sus depósitos y que se obtienen de las calorías e hidratos de carbono que se toman a través de los alimentos que se ingieren y que terminan convertidos en el combustible energético gracias a los procesos digestivos.

Si se hiciera un parangón entre un automóvil y el cuerpo humano, se afirmaría que el automóvil necesita para movilizarse la gasolina o el combustible que utilice, pero se diría que es necesario tener combustible en el tanque, para que a su vez el sistema de carburación lo use y este proceso se desencadena por la chispa que emiten las bujías, de lo contrario, el automóvil no podrá funcionar, es decir que todos los elementos son indispensables. 

En el caso del cuerpo humano, requiere el combustible que son los depósitos de energía acumulados a través del proceso digestivo y que se almacena en el cuerpo, pero le es indispensable la intervención de la señal motora que es emitida por el sistema nervioso que controla la actividad física. Entonces es la mente de manera inconsciente la que tiene el control absoluto para que la acción sea posible, definiendo a su vez, la intensidad de la misma y el tiempo de duración.

Entonces el desgaste físico no puede darse sin la implicación neurológica, sin que sea de trascendencia el grado de desgaste muscular, que se aprovisiona de los depósitos energéticos hasta agotarlos, si la mente no participara en el control de dicho desgaste, así sea momentáneo, ocasional o sistemático. Entonces la participación neurológica es imprescindible.

Para el público en general, el desgaste físico es solo una actividad corporal, desconociendo la participación neurológica que está implícita. Así que si hay desgaste físico, también hay un desgaste neurológico y por tanto la recuperación debe abarcar tanto al cuerpo como al sistema nervioso. Es impensable iniciar actividades físicas que impliquen grandes esfuerzos, sin haber acudido a un médico para que determine las posibilidades del cuerpo, antes de soñar con competencias y gloria; primero el organismo debe ser valorado desde el punto de vista médico.